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la organización internacional ha cuestionado fuertemente a los laboratorios farmacéuticos. foto: que.es

El lucrativo negocio de la salud: cuando la enfermedad de un paciente se vuelve altamente rentable

Según las cifras de la organización Médicos del Mundo, mientras más grave es una enfermedad se vuelve más lucrativa.

Publicado: 2017-01-16

La organización Médicos del Mundo inició la campaña “El precio de la vida” para denunciar el excesivo costo de algos medicamentos o tratamientos y las enormes ganancias de muchas empresas farmacéuticas que solo ven al paciente como un cliente que tiene que pagar. 

A través de una página se exponen los costos y las ganancias de diversas enfermedades y se denuncia que los Estados no cuestionan lo suficiente los márgenes de ganancia de las farmacéuticas.

Por ejemplo, un afiche de la campaña afirma que cuando un paciente sufre leucemia, el tratamiento completo para curarse de la enfermedad supone para las empresas farmacéuticas una ganancia 15 mil por ciento del margen bruto.

imagen: médicos del mundo.

Pero, ¿por qué los precios de los medicamentos pueden llegar a ser tan elevados? 

IMAGEN: MÉDICOS DEL MUNDO.

Médicos del Mundo detalla que son los laboratorios los que definen los precios de los medicamentos en la mayoría de los casos. Para justificarlos ellos informan cuál fue el coste de investigación y de producción y luego determinan la capacidad de los países para pagar un determinado medicamento. Así, los precios de un mismo medicamento pueden variar enormemente.

“Un tratamiento combinado contra la Hepatitis C (por ejemplo, Sofosbuvir y Simeprevir), ronda los 40.000€ en países como EEUU o Francia, y unos 13.000 en España -según el resultado de la negociación entre gobierno y empresa proveedora-.”

¿Los países pueden lograr que estes precios se reduzcan? Sí, pueden.

IMAGEN: MÉDICOS DEL MUNDO.

El ejemplo del tratamiento de Hepatitis C y otros que son detallados en su informe, demuestran que los países pueden negociar los precios de los medicamentos y hacer que sean más accesibles para los pacientes. Sin embargo, la mayoría de ellos no cuestiona los precios de los laboratorios farmacéuticos.

“El gobierno, sin embargo, no utiliza las herramientas a su disposición para oponerse a esto, como las licencias obligatorias. Este instrumento jurídico permite suspender temporalmente una patente y abrir el mercado a la competencia para producir o importar genéricos, con el objetivo de hacer bajar los precios. La licencia obligatoria puede utilizarse cuando existen motivos de interés público, como necesidades de salud pública, defensa nacional o de abastecimiento que así lo exijan”.

Sobre los precios excesivos de los medicamentos, Médicos del Mundo cuestiona también el principal argumento de los laboratorios: el costo de la investigación. Según la organización internacional que fue creada en 1980 y que trabaja activamente en 15 países, los laboratorios suelen sobreestimar los costes de investigación y desarrollo y declaran que muchos de sus informes son confidenciales, por lo que sus datos no pueden ser corroborados.

“En realidad, la mayoría de fármacos innovadores se basan en la investigación desarrollada en los laboratorios de las universidades públicas. Luego, las empresas farmacéuticas adquieren los descubrimientos más prometedores y desarrollan medicamentos que después compran los sistemas sanitarios de los países, de nuevo con fondos públicos y a unos precios a menudo abusivos. Además, estas compañías reciben deducciones fiscales por promover la investigación, con lo que se cierra el círculo vicioso perfecto”.

Para acabar con este modelo lucrativo que termina afectando directamente al paciente, Médicos del Mundo pide a los gobiernos que utilicen todos los mecanismos jurídicos disponibles para contrarrestar las decisiones de los laboratorios, lo que generaría un modelo alternativo al modelo de patentes y un sistema diferente en el campo de investigación de la medicina.


Escrito por

Dánae Rivadeneyra

Periodista clásica. Leo, investigo, escribo y, como no puede ser de otra manera, me involucro. Ahora en París, ayer en Lima.


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