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el rastro de sangre de los inocentes bañó varias poblados de lucanamarca. foto: peru21.

No olvidar: Se cumplen 34 años de la masacre de Lucanamarca por los terroristas de Sendero Luminoso

¿Quién podía defender a las personas de Lucanamarca si en esa época el Estado no tenía ni una comisaría en la zona?

Publicado: 2017-04-03

En la madrugada del domingo 3 de abril de 1983, unos sesenta miembros de Sendero Luminoso entraron en el distrito de Lucanamarca, en Ayacucho, y asesinaron de la forma más salvaje a 69 personas por orden directa de Abimael Guzmán, el líder senderista.  

El motivo de este acto criminal fue enviar una “sanción ejemplar” contra todas las comunidades que rechazaran el terrorismo y que ayudaran a las fuerzas militares a restablecer el orden en la zona. En esa misma zona, no hace mucho, había sido asesinado el mando militar senderista, Olegario Curitomay.

EL ENTIERRO DE LOS ASESINADOS EN LUCANAMARCA. FOTO: DANIEL SILVA.

La respuesta de Sendero Luminoso fue llevar la violencia al límite: matarían, mutilarían, quemarían y destrozarían a todos aquellos que estuviesen contra ellos. Escogieron el distrito Lucanamarca por rebelde y azotaron varias poblados de la zona: Yanaccollpa, Ataccara, Llacchua, Muylacruz y el pueblo de Lucanamarca. 

En todos estos lugares las personas fueron asesinadas con hachas, machetes y armas de fuego. Sus cuerpos destrozados no descansaron ni después de la muerte cuando los senderistas les echaron agua hirviendo para desfigurar la piel que les quedaba encima.

Antonio Quicho, vecino de Yanaccollpa, fue el primer que encontró este escenario de terror luego de que en su poblado estuvieran buscando por días a las veintinueve personas desaparecidas en Yanaccollpa, este es el testimonio que ofreció a la Comisión de la Verdad y la Reconciliación:

“Con las manos y los pies amarrados, hasta las trenzas salidas de las señoritas, a quienes los habían cortado con hacha, cuchillo, pico, incluso les habían echado agua caliente...encontraron a los niños quemados sus manitos, caritas, ... a los niños recién nacidos les habían sacado las tripas y pisado sus cabezas hasta que salgan sus sesos”.

En todo su recorrido, los terroristas dejaron rastros de sangre, crueldad y terror. Los muertos eran niños, mujeres y hombres y todas fueron asesinados con una violencia visceral que convertiría a Lucanamarca en un emblema de la insania terrorista.

La masacre no se detuvo sino hasta llegar al pueblo de Lucanamarca, cuando un niño identificado como Epifanio Quispe gritó que venían las fuerzas del orden. Ante esta falsa noticia, los terroristas se alejaron inmediatamente pero en su camino incendiaron todo lo que pudieron.

Los testimonios de los sobrevivientes narran la crueldad inhumana con la que actuaron los miembros de Sendero Luminoso en tan solo unas horas:

“Cuando me acerqué, estaba convulsionando [mi esposo], aún con vida, tenía la boca partida por el hacha, parte de la masa encefálica estaba fuera del cráneo, porque su cabeza estaba partida en cuatro (...) algunos órganos del pecho habían sido retenidos en la ropa, cuando quise levantarlo de un brazo, ya no lo tenía, estaba separado del cuerpo”.

La masacre de Lucanamarca no solo demostró la violencia sin límites que los miembros de Sendero Luminoso estaban dispuesto a ejercer, sino también la ausencia total del Estado en varias regiones del país. En aquella época, no había ni una comisaría cercana a Lucanamarca, por lo que las personas estaban completamente desprotegidas.

Además, posteriormente y pese a la crueldad de los asesinatos, la historia de Lucanamarca fue olvidada rápidamente y las autoridades locales y regionales no se interesaron en realizar profundas investigaciones y tampoco intentaron identificar a las personas asesinadas para ayudar a sus familiares con el proceso de duelo.

Entre las personas asesinadas se encontraron 18 víctimas de entre 6 meses y 10 años de edad, también hubo mayores de entre 50 y 70 años de edad y algunas mujeres embarazadas. En este enlace se puede leer la historia completa de la masacre de Lucanamarca realizada por la CVR.


Escrito por

Dánae Rivadeneyra

Periodista clásica. Leo, investigo, escribo y, como no puede ser de otra manera, me involucro. Ahora en París, ayer en Lima.


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