reconoce sus orígenes

una operación en españa contra ladrones de arte. foto: abc.

El arte como botín: ¿Por qué algunos países industrializados no quieren devolver el arte a su país de origen?

Las piezas de arte son sinónimo de poder, cultura y propiedad. Poseerlas significa poseer un pedazo de historia.

Publicado: 2017-06-16

El arte ha tenido desde siempre un valor simbólico inestimable, por eso durante los conflictos, guerras o procesos de colonización, el arte ha sido uno de los primeros botines que los países vencedores o colonizadores han llevado a su país. 

El caso más reciente es desde luego el de Siria e Irak donde los especialistas han documentado perdidas de centenares de obras de arte que son vendidas en el mercado negro y que estarían financiado a grupos terroristas como el Estado Islámico.

Sin embargo, uno de los más conocidos es el de Egipto, cuando Napoleón invadió el país y lo declaró como una colonia francesa. Durante ese proceso, el Emperador francés trasladó muchas piezas valiosas para reunirlas en un solo espacio, como un centro de poder artístico, y hoy muchas de ellas siguen en museos franceses, pese a la protesta del gobierno egipcio.

la piedra roseta fue sacada de egipto y pasó por varios países europeos. foto: egitpologia.

Otro de los casos emblemáticos más contemporáneos se dio durante la Segunda Guerra Mundial cuando Alemania saqueó varios museos de Europa para llevar los cuadros a Berlín. Durante la constitución de la Unión Soviética, Moscú hizo lo mismo y llevo el arte de Europa del este a su país.

Pero, entonces, si ya han pasado décadas o centenas de estos conflictos bélicos, ¿por qué los países que ostentan las obras de arte no devuelven las piezas a sus lugares de origen? La respuesta simple es la propiedad, sin embargo, detrás de ella se encuentra también causas políticas y faltas de equidad.

Para comenzar la misma idea de la propiedad no es tan sencilla como parece. Mucho del arte africano, por ejemplo, fue “adquirido” pero en condiciones de desigualdad. Existe un documento de compra, desde luego, pero el gobierno de turno usualmente no conocía el verdadero valor de una pieza de arte.

A eso hay que sumarle el hecho de que muchos arqueólogos extranjeros han ido recolectando piezas de valores inestimables en periodos en los que muchos países, como el caso del Perú, aún no podían asegurar el cuidado de sus propios objetos culturales. En esa época era fácil adquirir y sacar objetos de un país pequeño a uno grande.

Y es justamente esta desigualdad la que impide que muchos países no recuperen el arte que se gestó en sus países porque ellos no tienen los medios de disuasión o de presión para poder reclamar una devolución de arte.

una de las obras más conocidas del mundo no puede volver a su país. foto: lefigaro.

El caso más emblemático tal vez sea el busto de Nefertiti, una pieza que tiene 3 mil años de antigüedad, pero que se encuentra en Alemania. El gobierno de Egipto ha pedido reiteradas veces su devolución e incluso ha amenazado con impedir trabajos de arqueología de equipos alemanes, pero el gobierno alemán no ha cedido.

¿Cómo puede entonces un país pequeño recuperar sus piezas de arte cuando un país con más poder las obtiene? Realmente no puede. Especialistas como Bénédicte Savoy recuerdan que cuando un país ha devuelto piezas de arte, lo hace en un contexto político especial: para evitar graves conflictos diplomáticos, para generar un mejor clima de confianza entre ambos.

esta pieza única que fue concebida en nuestro país tampoco puede volver al perú. foto: el pais.

Si vemos la última batalla del Museo de Arte de Lima, que además tuvo el apoyo de más de 100 intelectuales de toda América Latina, por recuperar el denominado Códex de Trujillo, y comparamos el resultado de todo este esfuerzo, nos daremos cuenta que en verdad hay muy poco por hacer. Y, sin embargo, no hay que dejar de intentarlo.


Escrito por

Dánae Rivadeneyra

Periodista clásica. Leo, investigo, escribo y, como no puede ser de otra manera, me involucro. Ahora en París, ayer en Lima.


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